La madre tierra nos regala este maravilloso fruto con el que hacemos el “elixir de los dioses”. Pero para deidades que no son Adonis, ni Dionisio, ni seres angelados: son personas de carne y hueso que disfrutan en su estadía terrenal de las bondades del vino… ¡como tiene que ser!

Honrar la vid y sus frutos también es una forma de agradecimiento a la naturaleza que generosamente nos los provee.

Un “me gusta tu vino” o un “te felicito” constituyen la retribución más esperada por los vitivinicultores; nos hace sentir que todo el esfuerzo valió la pena.

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