El vino de la tierra – Tres amigos (distintos en edad, en procedencia y en oficio) se propusieron hacer un vino que presentara, en su composición, los rasgos esenciales de la tierra de la que nacía. Vino y tierra, se dijeron, y pusieron en marcha su proyecto. Lo llamaron Celalla, del latín cellarium, que era la cava o el lugar donde los romanos guardaban el vino y que, en muchos casos, no era otro que bajo la misma tierra.

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